Lunes 8 de Marzo de 2010 Agencia CRÍTICA
JALISCO 2012 EN EL AIRE
En el PRI flotan aires de triunfalismo. Tocan sin parar y sin reflexión las campanas alegres por una victoria electoral que no es del todo completa.
Si bien es cierto que en la democracia se gana o se pierde por un voto, la diferencia de votos en las elecciones del 2009 entre los partidos PRI y PAN no fue tan amplia como para que desde ahora los primeros canten victorias con la mira puesta en las elecciones del 2012.
La sociedad votó, harta de los excesos y de los gobernantes en turno, de los escándalos, de la prepotencia y hasta del cinismo, pero esa situación del momento no es repetitiva en automático ni una llave de poder para los que ahora ganaron.
En dos meses de los relevos municipales tampoco han demostrado los nuevos gobiernos que son la solución a los problemas de la sociedad y no es sólo cuestión de quererlos resolver sino también de la capacidad, de la organización y de la honestidad en el cumplimiento de los mecanismos técnicos, operativos, administrativos y políticos.
Los tiempos que vienen ya reclaman que los hombres y mujeres que lleguen a los cargos públicos tengan además de la vocación de servicio la capacidad plena de cumplir como administradores y ejecutivos de una función pública.
Los puestos de elección popular ya no deben caer en perfiles del marketing que maquilla y crea candidatos.
La función pública no debe ser una mala película con actores que no están preparados en otros órdenes y que no tienen equipos sólidos, preparados, para gobernar.
Los tiempos actuales requieren que los gobernantes no sean improvisados y que tengan puesta la camiseta de la sociedad, con una visión de Estado.
Los criterios de selección de candidatos en los partidos políticos deben de ir más allá de los compromisos internos, de las redes grupales, de las democracias particulares en donde los votos se compran con la nómina, como ocurre en el PAN, ya no son válidos como tampoco lo es en partidos como el PRI en donde la imposición por redes de intereses y politiquerías internas llegan a las designaciones.
La sociedad quiere a los mejores gobernantes, a los más preparados, a los de mayor vocación de servicio.
La política es una cosa muy seria y los políticos deben serlo más. Los partidos, entonces, deben de reformase, transformarse, prepararse, para crear cuadros frescos con una nueva generación de políticos competitivos, capaces.
Hoy hay una sociedad más vigilante, despierta, que usa el voto selectivamente y que no se casa con los colores.
Los partidos políticos han sufrido el desgaste natural y el desgaste acelerado por los vicios internos y ya es tiempo de que recobren el sentido institucional por el que fueron creados, como instituciones de carácter público y no particular.
El primer paso para sanear la función de gobierno está en los partidos mismos, en sus mecanismos de formación, de selección, de capacitación y de competencia interna y además de abiertos a recibir a los mejores hombres y mujeres que en la práctica de la vida han mostrado ser administradores exitosos.
Cuando el PAN llegó al poder en Jalisco trajo una corriente nueva y que abriría las puertas a empresarios, a gentes de la sociedad civil caracterizada por ser exitosa y probada, pero los espacios se les cerraron a la gente valiosa y se colocaron a políticos y activistas partidistas.
Esa visión cerrada de acaparamiento del poder llevó a ese instituto político a la crisis que hoy vive.
El PRI, en cambio, no se renovó en su estructura y visión más abierta y hoy enfrenta también una crisis de valores y de propuesta. En este tiempo, pues, no hay nada para nadie.
En Jalisco el 2012 sigue en el aire.

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