| Martes 9 de Marzo de 2010 | Agencia CRÍTICA |
En el Jalisco de los últimos años hay varios casos de relaciones
extramaritales, donde las amantes y parentela fueron llevadas a la
nómina o escaladas en los cargos públicos. Estas situaciones
explosivas, conocidas a voz baja, pueden desencadenar crisis en la
administración pública o escándalos de corte electoral en su momento
Política y sexo son una mezcla explosiva. El delgado hilo que corre entre lo privado y lo público de un hombre o mujer político se rompe con escándalos sexuales. En Estados Unidos la cacería de los deslices eróticos de los congresistas, alcaldes, gobernadores o presidentes es casi un deporte y obligación de los periodistas norteamericanos que nutren a una sociedad con sentimientos puritanos heredados de su cultura y que no perdona la hipocresía de los hombres públicos.
En México las historias de las aventuras y hazañitas sexuales de los presidentes de la República son celebradas por el candor machista de la raza y la cultura abnegada de las mujeres, aunque eso parezca una contradicción biológica es una realidad sociocultural, pero en política eso está cambiando ante la influencia del marketing norteamericano y de otros estrategas importados, que ven en los escándalos sexuales y en la vida privada inapropiada de los hombres públicos un filón de explotación.
En México, presidentes como José López Portillo llevaron a los extremos las relaciones extramaritales al colocar como secretaria de Estado a su amante Rosa Luz Alegría, ex nuera del presidente Luis Echeverría. El gobierno de un hombre distraído por faldas terminó en un desastre para el país.
Los presidentes Miguel Alemán y Adolfo López Mateos fueron mujeriegos constantes y sus romances y aventuras con actrices o jovencitas les eran celebradas en la conseja popular, pero no llevaron a las mujeres a la nómina directa.
Gustavo Díaz Ordaz vivió tormentosos episodios con Irma Serrano, quien llegó a ser diputada federal y senadora por Chiapas y peleó la gubernatura del sureño Estado. El poder y riqueza acumulada de su relación con Díaz Ordaz la llevó al poder público.
En el Jalisco de los últimos años hay varios casos de relaciones extramaritales, donde las amantes y parentela fueron llevadas a la nómina o escaladas en los cargos públicos. Estas situaciones explosivas, conocidas a voz baja, pueden desencadenar crisis en la administración pública o escándalos de corte electoral en su momento.
Bill Clinton se salvó de la condena social porque pidió perdón a la sociedad y los estadounidenses consideraron que su presidente no actuaba con hipocresía. El escándalo con la becaria Mónica Lewinski, en cambio, perjudicó directamente a su partido.
El demócrata Al Gore, perdió las elecciones contra George Bush, republicano que aprovechó el escándalo de Clinton para refrendar y acentuar en su campaña el puritanismo religioso y moral de su partido.
A lo ancho de la geografía mundial hay casos similares que ocasionan la destitución de los funcionarios públicos que son descubiertos en relaciones sexuales inapropiadas o de infidelidad.
En los países latinos como Italia, la condena pública no es tan severa y así el presidente Silvio Berlusconi, ventaneado en diferentes escenas sexuales con jovencitas o en bacanales al estilo de los antiguos romanos en su villa de Cerdeña, salió librado con su frase: “No soy un santo”.
Al presidente argentino Carlos Menem le pasó algo parecido y sus paisanos, aunque no su esposa, le celebraron que dejara a la primera dama para irse a retozar con una reina de belleza chilena.